Archivo de la etiqueta: democracia

La Corrupción

La corrupción extiende su influencia por todas partes. Sin embargo no es inevitable. Luchar contra ella es defender los principios democráticos. Del simple ciudadano a los gobernantes el contraataque es posible.

unesco3

Indice:

  1. Las raices de una larga tradición
  2. Un fenómeno mundial
  3. El lobo en la democracia
  4. Las trampas de la economía subterránea
  5. Corrupción y “clientelismo”
  6. Radiografía de la sociedad soviética
  7. El virus del poder
  8. ¿Qué hacer?

Lea los articulos aquí

Anuncios

Democracia vs. Arcontado

arconteCuenta la historia que en la Antigua Grecia, entre los siglos X y VII a. C, como consecuencia de las perdidas económicas sufridas por los campesinos y la injusticia de los magistrados,  tuvo lugar una crisis política que llevo a la sustitución de la Monarquía Perpetua por el Arcontado

Los arcontes, que pertenecían a las familias nobles, desplazaron a los reyes de los puestos más importantes de la administración de la ciudad.

El sistema adoptado para la elección de estos magistrados era el sorteo entre los ciudadanos que se presentaban al comicio.

Una importante limitación a esas candidaturas era que el cargo, que duraba un año, podía ser desempeñado solo una vez en la vida.

Antes de la elección los pretendientes eran interrogados por el Areópago o Consejo de la ciudad sobre cuestiones de legitimidad ciudadana y religiosa. Se les preguntaba: “¿Quién es tu padre? … ¿Quién fue el padre de tu padre? ¿Quién fue tu madre? ¿Quién fue el padre de tu madre? …¿Tienes un mausoleo donde repose tu familia? ¿Dónde se encuentra? ¿Tratas con el debido respeto a tus padres, y cumples con las obligaciones pecuniarias y militares que el estado impone? (Aristóteles, Constitución de los atenienses 55.3)

Tras finalizar el año de ejercicio de sus cargos los arcontes debían rendir cuentas de su gestión de los asuntos públicos en un proceso denominado euthyna (plural euthynai, “enderezamiento”).

En Atenas el proceso constaba de dos partes: el logos, que se ocupaba del manejo de las cuentas públicas y era llevado a cabo por un comité de diez logistai (contables), y la euthynai propiamente dicha, que se realizaba tras haber sido exculpado el cargo saliente de la primera parte del examen y era llevado a cabo por un comité de diez euthynoi (enderezadores), uno de cada tribu, cada uno de ellos apoyado por dos asesores o paredroi, y designados todos ellos por sorteo de entre los miembros del Areópago.

Estos euthynoi y sus paredroi se sentaban durante tres días en el Ágora bajo las estatuas de los héroes epónimos y  escuchaban las acusaciones que manifestaba cualquier ciudadano miembro de su propia tribu. Una vez escuchadas las acusaciones, los euthynoi podían desestimarlas o llevarlas ante un tribunal.

¿Y si en vez del sistema político que tenemos actualmente vigente adoptaramos el arcontado?.

Populismo en Mexico

enrique krauze¿Ha habido en México gobiernos populistas?, se pregunta Enrique Krauze al principio de su nota en la que nos refiere que:

“El populismo es una adulteración de la democracia. Lo que el populista busca -al menos esa ha sido la experiencia latinoamericana- es establecer un vínculo directo con el pueblo, por encima, al margen o en contra de las instituciones, las libertades y las leyes. La iniciativa no parte del pueblo sino del líder carismático que define a “el pueblo” como una amalgama social opuesta al “no pueblo”. El líder es el agente primordial del populismo. No hay populismo sin la figura del personaje providencial que supuestamente resolverá, de una buena vez y para siempre, los problemas del pueblo”.

Lea la nota completa siguiendo el link aqui

La democracia defraudada

demo defraudadaAmérica latina camina con un ancla atada al cuello, el ancla de las ideas.  Carlos A.  Montaner se refirió alguna vez a las ideas Zombis que deambulan insepultas por estas tierras, de entre ellas la que más se destaca es la idea del Populismo Revolucionario.  Los ejemplos de este populismo vienen del pasado y lamentablemente abundan. Lo más grave de su proliferación es que ellas persisten en nuestras frágiles democracias, mutilando el crecimiento, la gobernabilidad y la estabilidad; con una proyección hacia el futuro que obliga a que se les preste la debida atención. El proyecto político al que apuntan es el de una democracia denotada, hueca, donde la división de poderes y la independencia del poder judicial se pierden entre los gritos de una multitud, airada y violenta, que ve sus expectativas insatisfechas y reclama promesas incumplidas. Vemos por delante un futuro plagado de sombras, violencia y desesperanza.” (Benavente Urbina, Andres y Cirino, Julio Alberto, LA DEMOCRACIA DEFRAUDADA: POPULISMO REVOLUCIONARIO EN AMERICA LATINA, Ed. GRITO SAGRADO (ARGENTINA), 2005, ISBN 9789871239009)

Los autores invitan a adentrarse en la evolución del viejo populismo caudillista de Latinoamérica y su transmutación en el Nuevo Populismo Revolucionario que, tal como aquel, se nutre de caudillos fuertes, instituciones débiles, corrupción, clientelismo y voto cautivo.

Concluyen que “la endémica fragilidad institucional que sufren los países que caminan por la senda populista los sumerge, sin duda, en un subdesarrollo lacerante que refleja lo que no pudo ser, e impide que seamos lo que merecemos ser“.

Anibal y la paradoja del populismo

morsaEl triunfo de Aníbal en las PASO de la Pcia. de Bs. As. no causa sorpresa.

Aníbal es popular y como Intendente de Quilmes, Secretario General de la Presidencia, Ministro del Interior, Ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Senador Nacional y Jefe de Gabinete de Ministros ha estado montando un teatro en el que solo se exhiben éxitos.

Aníbal es un líder populista enraizado firmemente en el gobierno y en los medios de comunicación, aun en los mas críticos

Como sucede con los personajes de su estatura, reconciliar sus promesas electorales con su cuestionada actuación en el gobierno no es algo sencillo.

Pero esta dificultad, tal como el éxito de Aníbal esta demostrando dramáticamente, normalmente no afecta las perspectivas electorales de los lideres populistas.

Es que contrariamente a lo que intuitivamente se podría pensar, el populismo no está sostenido por un grupo de electores en particular – por ejemplo. los trabajadores – o por las políticas diseñadas para aparentar que favorecen a los sectores más bajos de la sociedad.

El populismo es una de las distintas formas en la que se expresa la corrupción de un sistema político.

Se caracteriza entre otras por la presencia de un protagonista que reclama que solo él – o ella – representa verdaderamente al pueblo, a la Patria, relegando así a sus adversarios políticos al papel de unos infames mentirosos.

Detrás de esta pretensión subyace la idea que el pueblo, que nunca se equivoca,  tiene un proyecto de país que solo un auténtico líder, hijo del pueblo, – tal como Aníbal – puede identificar, movilizar y llevar hasta la meta: a triunfar en las palabras de un notorio ex presidente.

Un populista, entonces, no sólo es un anti-elitista sino, necesariamente, un anti-pluralista y un anti-liberal en todos los órdenes.

Sus políticas siempre apuntan a polarizar, a dividir a la ciudadanía en “nosotros” y los “otros”, esos a quienes, a menudo, simplemente trata de “traidores”.

En la visión de un populista, no puede haber una oposición legítima. ¿Cómo podría?

Quienquiera que está contra este líder lo está automáticamente contra el pueblo  y, según esta lógica, jamás podría representarlo. “No se vota a un diputado, se vota a un país”.

Desde esa misma perspectiva se pretende instalar la idea que el gobierno de la Argentina solo puede encomendarse a un populista, que si (Dios no lo permita) alguien que no fuera populista llegara a ocupar el gobierno, este pobre país seguramente habría de sufrir una versión autóctona de las siete plagas de Egipto.

Y esto así porque los partidos políticos no populistas no expresan la movilización social y entonces no sirven para gobernar sino solo para oponerse.

Pero las cosas no son así de simples. Como expresión de un sistema político corrupto, los populistas adoptan un estilo de gobierno que exacerba sus vicios.

Así no dudan en allanar el camino para la toma del poder o su continuidad en él como mejor conviene a sus intereses, o en llenar todas las oficinas del gobierno con sus acólitos  o en premiar a sus partidarios (y sólo a sus partidarios) con toda suerte de beneficios a cambio de una lealtad que se ha dado en llamar “clientelismo político”

Esto lo hacen abiertamente y sin problemas de conciencia. Después de todo sólo ellos y sus partidarios son realmente “el pueblo”.

El clientelismo y la evidencia de la corrupción no alcanzan para corroer el apoyo del electorado a los líderes populistas.

Se perciben tales prácticas como un servicio que se nos presta a “nosotros” a expensas de “los otros”.

Los partidos políticos populistas se jactan de su buena gestión cuando esta no es otra cosa mas que la evidencia de una irrefrenable propensión a llenar con celeridad espacios en el estado, espacios que si no existen serán creados para puedan ser ocupados por amigos, hijos, hijos de los amigos, amigos de los hijos, etc.

¿Si solo un partido político representa de verdad al pueblo, por qué el gobierno de ese partido no debe ser el instrumento de la voluntad del pueblo? Si el pueblo no tiene trabajo y lo quiere, tenemos que creárselo.

Cuándo los populistas tienen que aprobar una nueva ley tienen que hacerlo, por mas criticas que se alcen desde la oposición, porque ellos son “el cambio” y los que a él se oponen seguramente representan a los fondos buitres y/o la CIA.

Así se advierte porque la creencia de los liberales de que para desacreditar a los populistas sólo hay que exponer la corrupción del gobierno, las vinculaciones de algunos de sus funcionarios con el delito organizado, es una vana esperanza.

Para la inmensa mayoría de ciudadanos, el clientelismo y la corrupción, no representa un problema. No tienen ni la remota idea del elevadísimo costo que están pagando por estos flagelos.

Ellos solo ven los bienes del populismo: los televisores, los celulares, las motos en cuotas.  No asocian el aumento de la  delincuencia, el deterioro de los sistemas de salud y educación, la inoperancia de la justicia o el permanente avasallamiento de su derecho por vías mas o menos ostensibles como por ejemplo el uso indiscriminado de la cadena nacional para violar con propaganda política la intimidad de sus hogares, con los males del populismo.

A este estado de cosas hemos llegado por nuestra falta de responsabilidad con la democracia, por no habernos preocupado por averiguar con anticipación a quien le entregaríamos nuestro voto de confianza para conducir los grandes destinos nacionales.

No tenemos derecho a quejarnos por nuestra actual situación, porque eso importaría alegar nuestra propia torpeza, pero si podemos tratar de evitar que las próximas generaciones reiteren los errores que hemos estado cometiendo como sociedad en estos últimos 30-50 años  permitiendo que los menos idóneos determinen nuestro futuro.

No es un problema de fe y esperanza sino de determinación individual.